Federico Ávila: «Nuestro proyecto no se parece en nada a lo que fue Isolux»

La idea era hacer una venta rápida y beneficiosa. Pero, después de varios meses, solo se presentaron dos ofertas formales. Y no cumplían las expectativas. Fue entonces cuando Federico Ávila y otros tres directivos de Isolux decidieron dar un paso al frente. Presentaron su propia propuesta y se hicieron con algunos negocios de la constructora en quiebra. Ávila se puso al frente del nuevo proyecto, Lantania. Una compañía que cumple ahora un año con apetito de nuevos negocios. «Esperamos anunciar nuevas adquisiciones en breve», explica Ávila. ¿A qué precio se cerró la adquisición de los negocios de Isolux? No me gusta hablar de estas cosas, porque realmente es difícil cifrar la operación. Además, nuestro proyecto no se parece en nada a Isolux, que llegó a ser un gigante con 12.000 empleados. Si atiendes al desembolso de caja, este fue de 26 millones de euros. ¿Por qué cayó Isolux Corsán? Se produjeron varios factores al mismo tiempo. Por un lado, la caída del mercado español. Además, la compañía entró en el sector concesional y esto le exigió mucha inversión. Y creo que la expansión internacional no se llevó a cabo de la mejor forma. Por último, también hubo una crisis del sector financiero. De 40 entidades deseando darte crédito pasamos a cuatro o cinco. Lantania adquirió hace unos meses el negocio de obra pública del Grupo Velasco. ¿Están previstas más operaciones a corto plazo? La operación con el Grupo Velasco nos ha complementado porque nos introduce en las licitaciones con la administración local. Aún así, estamos analizando otras posibles adquisiciones, en el sector de la energía y el sector del agua. Muchos procesos no han llegado a buen término, pero esperamos anunciar en breve alguna operación corporativa. Algunas están condicionadas por la fase concursal. Lo que está claro es que tiene que haber una consolidación en el sector. Sigue habiendo muchos actores, sobre todo entre las constructoras no cotizadas. Es triste ver que, aunque para realizar algunas de las obras licitadas tienes que tener unas capacidades técnicas tremendas, muchas de ellas se adjudican casi en modo subasta. La compañía se ha puesto como objetivo alcanzar los 200 millones de facturación... Para lograrlo necesitamos potenciar nuestra actividad en el exterior. Nos hemos marcado como objetivo el mercado europeo. Estamos analizando oportunidades en Estonia, Letonia y Lituania porque tienen un proyecto de alta velocidad que nos puede encajar. Además, también estamos atentos a Suecia y Noruega en el norte y Bulgaria, Serbia y Croacia en el este. Queremos tener este rumbo marcado y llevarlo a cabo de la mano de socios locales y que sean contratistas importantes. ¿Qué divisiones va a potenciar la compañía? Las obras ferroviarias es donde ofrecemos mayor valor añadido, prueba de ello es el número de contratos de Adif que hemos conseguido. Además, también estamos potenciando las infraestructuras viarias. Pero hay dos mercados por los que estamos apostando por los cambios del modelo de la construcción: agua y energía. En agua hay inversiones muy importantes que están por venir después de años paupérrimos para el sector. Lo que no se haga a nivel público se complementará con compañías privadas. La licitación está repuntando en España. ¿Qué perspectivas tienen para el mercado nacional? Es cierto que han crecido, pero todavía estamos un 80% por debajo de lo que fue antes de la crisis económica y un 40% respecto a la media del periodo expansivo de la economía. Estos procesos están excesivamente ligados a los vaivenes de la economía. Además, las constructoras no cotizadas no están captando este crecimiento: han pasado de copar el 30% de los contratos en 2016 al 15% en 2018. Para revertir esta situación hay distintas opciones, como promover licitaciones más pequeñas, de 100 millones de euros. ¿Está pasando factura al sector el parón político? Evidentemente, es algo preocupante para las empresas del país. Los empresarios necesitamos un entorno estable y no se está consiguiendo. El hecho de que todavía no haya Gobierno y la incertidumbre de lo que va a ocurrir no es buena, no es el caldo de cultivo adecuado, sobre todo para las inversiones. Las licitaciones que se conocen ahora fueron aprobadas durante los últimos Consejos de Ministros. Además, es necesario encontrar un modelo de colaboración público-privada que sea eficiente. La ley de desindexación y la nueva norma sobre contratos del sector público han paralizado tanto proyectos de agua como el Plan Extraordinario de Inversión en Carreteras. El estigma laboral de la construcción La obra civil ha crecido con fuerza en los últimos años y ahora vuelve a tirar de la economía. Pero el sector todavía sigue penalizado por los errores del pasado. «Antes había una demanda de profesionales que se cubrió en parte por la inmigración. Pero ese personal formado sufrió la crisis económica y se vio arrastrado, en muchas ocasiones, al paro de larga duración. Nadie ha dado el relevo a esa generación de trabajadores cualificados, lo que está penalizando a la construcción. Necesitamos potenciar la formación para revertir esta situación», explica Ávila, que advierte de que esta falta de mano de obra es uno de los principales «desafíos» de la construcción.
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